EL ENVÍO
Manuel de la Peña GarridoAnte las ausencias de la honorable Mallet y del portero de su apartamento neoyorquino -ingresado por apendicitis-, el atolondrado repartidor decidió dejar el paquete fungiforme sobre el lustroso mostrador.
Al conocer quién era la destinataria del inconfundible artículo, los ilustres vecinos reaccionaron diversamente:
“Otro ejemplo de la ola de perversión judicial que sufrimos”, espetó la señorita Spinster, la fría y distante banquera. “Ignoraba que Justine estuviera tan desconsolada; tendré que programar una cita urgente”, resolvió Newhouse, el polémico cineasta, autor del Manifiesto Dionisíaco. “¿Rellenará sinceramente la encuesta de satisfacción del producto?”, se preguntó Marketson, el avispado bróker. “Cuando ascienda al Supremo, sus sentencias serán gozosas”, aventuró Stingstrials, abogado de Drake & Blackbeard.
Mientras, en la sala, Justine Mallet ponía orden con un martillo de juguete. “A ver si llega ya la nueva maza”. La antigua, como el amor a la Jurado, se le había roto de tanto usarla. Impartiendo justicia.
+12
Queremos saber tu opinión
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.
Un auténtico mazazo el que se llevarían sus vecinos . Fabuloso microrrelato. Mi voto y mucha suerte.
Muchas gracias, Juan Manuel.
Las apariencias siempre engañan. Toca elogiar a Descartes.
Me quito el sombrero, las sandalias y hasta los collares.
¡Qué bueno eres! Espero, deseo, suplico que no se te rompa la imaginación de tanto usarla.
Buen verano, Manuel.
Muchísimas gracias, Margarita.
Sé que simpre puedo esperar de ti que me transplantes una parte de tu cerebro imaginador; algunas neuronillas de esas que te sobran.
Un abrazo.
Esos vecinos cotillas, que «no paran de molestar», como dice Alaska en su canción. Muy buen micro, Manuel. Un abrazo.
Muchas gracias, Francisco Javier.
A veces dan ganas de ser un misántropo.
Genial relato Manuel. Si no encontramos consuelo en la justicia…¿Qué nos queda? :)
Enhorabuena.
Sergio
Jajaja. Muchas gracias, Sergio. Se suele decir que la justicia ampara; no tanto que consuele.