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PILAR ALEJOS MARTINEZ 

Siempre supe que era un abogado muy especial, por eso, monté mi propio bufete. Sabía que, dadas mis características, nadie me ofrecería un empleo. Para sus intereses, promover acciones legales a favor de la igualdad y del uso de un lenguaje inclusivo podía ser muy poco productivo. Sin embargo, era imprescindible para mi crecimiento personal.

Jamás olvidaré el caso de mi primera cliente, Daniela. Durante años, preparó oposiciones para la Administración del Estado. Superó todas las pruebas con calificaciones excelentes, pero la eliminaron en el reconocimiento médico. Alegaron que le sobraba un cromosoma. Nada decía al respecto la convocatoria. Aunque parecía una lucha desigual, David contra Goliat, recurrimos su decisión ante la Jurisdicción Contencioso-administrativa. Durante el juicio, demostramos que la capacidad no depende de un cálculo genético y la sentencia nos fue favorable.

Desde entonces, luchar por un mundo más justo le ha dado alas a mi silla de ruedas.

 

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