Imagen de perfilLa comisión

Guillermo Sancho Hernández 

Lo confieso: desde que empecé como abogada, además de mis honorarios, suelo recibir una especie de comisión. Quizá debí rechazarla en su día, pero no fui capaz. A veces pienso, para justificarme en cierto modo, que es una compensación adicional por mi trabajo. O el producto de empatizar con las personas que confían en mí.
Hace un mes recibí una caja de deliciosas naranjas de Ángel, el agricultor que cobró la cosecha del año pasado gracias a su reclamación judicial.
Ayer Leonor, la presidenta de la Asociación Comarcal de Jubilados, me obsequió con una excelente tarta casera, para celebrar así nuestras gestiones con una compañía proveedora de internet, que por fin llegará al valle donde la asociación tiene su sede.
Hoy, tras una notificación desestimatoria de las pretensiones de un fondo buitre, la totalidad del importe por mis servicios ha sido un abrazo. Un abrazo de mi padre.

 

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