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Claudio Damian Colfer 

Una vez que se pudo legislar sobre el uso de aquella innovadora tecnología, su aplicación redujo a cero la brecha entre lo real y lo subjetivo.
Ahora nuestro trabajo solo consiste en preparar las preguntas convenientes, cargarlas en el sistema y acompañar a los testigos hasta la cápsula violeta y a los defendidos hasta la amarilla para que sean conectados y comience el debido proceso.
Los artilugios legales ya no tienen razón de ser, el juramento de decir la verdad y nada más que la verdad tampoco. Los alegatos también son cosa del pasado.
Basta con esperar unos minutos después de la última declaración para que el programa pueda conciliar la información de las entrevistas con las pruebas recolectadas.
Una voz de mujer dará la sentencia por los intercomunicadores a las partes y listo, ya podemos transportarnos a nuestros hogares en automóviles que aún siguen sin poder volar.

 

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2 comentarios

  • Pues me parece que no está tan lejos ya ese escenario que has descrito. Es más, muchos otros también desaparecerán con los avances informático y tecnológico, lo que nos llevará a ser meros sujetos pasivos en cada una de las circunstancias en las que nos veamos involucrados. Por poner un ejemplo, cuando todos los vehículos sean absolutamente autónomos y los accidentes sean 0, dejarán de existir la DGT y las compañías de seguros, no se necesitarán señalizaciones ni limitaciones, no habrá multas que poner, los fabricantes de radares con cámara caerán en desgracia y las academias de conducir serán un mero recuerdo del pasado porque no se necesitarán carnets ni autorizaciones para que tú coche te lleve al destino que le indiques.
    Mi segundo voto de este mes se lo lleva tu relato.