Imagen de perfilInocencia

Plácido Romero Sanjuán 

Debí sospechar cuando un día, hojeando su agenda telefónica, vi una página entera llena de nombres de abogados. Tenía hambre de conocimiento, claro, pero nunca imaginé que hubiera algo ilegal en lo que hacía. Me había dicho que llevaba un negocio de suministro bajo demanda que estaba en pleno crecimiento. Supuse que los abogados eran para ocuparse de las cuestiones administrativas. Quizá quise proteger la vida despreocupada que llevábamos juntos. Qué ingenuidad la mía. Estuvimos juntos durante casi dos años y no sospeché nada. Es el argumento que esgrimirá el abogado que han contratado mis padres en el recurso que presentará en pocos días; sé que no servirá de nada. Mi inocencia acabó la mañana en la que la policía irrumpió en nuestra casa y nos llevó detenidos. Todo cobró sentido cuando aquel inspector me preguntó:
–¿Y cómo se os ocurrió entrar así la farla?

 

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