Imagen de perfilLOS SECRETOS DEL MAESTRO

Miguel Molina 

Las tropas se acercaban y cada vez era más difícil que llegara algún suministro al pueblo. La estrategia de los invasores, al igual que siempre, consistía en que sus pobladores murieran de hambre. Incluso cuando estuvieron seguros de que ya no les quedaría nada para comer, decidieron esperar. Semanas después, al recorrer las calles, los soldados comprobaron que todos los habitantes estaban muertos, excepto quienes buscaron refugio en la escuela.
Hoy, el abogado defensor intenta convencer al tribunal de que el maestro no hizo nada malo. Pintar en las aulas esos murales, representando todo tipo de alimentos, fue un recurso desesperado en su afán de proteger a los niños. En su alegato justifica que los críos, en época de crecimiento mental y físico, agradecieron esos estímulos. Lo que aún no sabe explicar es por qué en las paredes apenas se ven los dibujos y los niños están gordos y relucientes.

 

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