Imagen de perfilHistorias de Maratonaz

Pablo García Muñiz 

Aquilino vivía obsesionado con un nicho cuya herencia le había tramitado yo mismo, meses atrás. Le perturbaba poseer algo de lo que nunca disfrutaría y pasaba los días buscando un empleo adecuado para su propiedad. Quiso convertirlo en almacén, huerto urbano, hotel.

– ¡Lo alquilaré a turistas! -decía-. «VIVA POR UNA NOCHE LA EXPERIENCIA DE ESTAR MUERTO». Imagine, abogado.

Logré erradicar tamaños disparates de su mente, pero no conseguí evitar que Aquilino utilizara su nicho para dormir sus siestas vespertinas, a la mínima oportunidad. Sentirse vulnerable a la muerte -decía- le llenaba de vitalidad.

Tanto tiempo pasó en su nicho que la parca le alcanzó dentro. Quizás fue él quien alcanzó a la parca, no sabría decir. A la ceremonia acudimos todos los vivos de Maratonaz, muy superados en número por la población de difuntos. Y era extrañamente reconfortante ver la expresión sosegada de Aquilino. Aliviado, realizado… Tan finadamente feliz.

 

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