Imagen de perfilBoda de plata

Pedro Antonio Herreros Rull 

Has estado pergeñando durante muchas horas la defensa. Es fundamental eludir al máximo las improvisaciones. Nunca ves el fin. Continúas repasándola una y otra vez. Solo piensas en el triunfo; como tu compañero, imaginas. Llega tu turno. La toga te da seguridad. Decidido, te diriges con orgullo hacia el lugar que te corresponde. Con la venia Señoría, comienzas. En ese justo momento alzas tu cabeza y miras a tu desconocido oponente. Sus ojos te encandilan. Te distraes, pierdes la concentración, no sabes qué te está pasando, comienzas a sudar, es frío. Estás muy nervioso, te sonrojas, balbuceas, tu discurso resulta irracional. Asustados, todos te quieren ayudar. Nadie ve la flecha de Cupido, solo vosotros. Creen que padeces un infarto, un ictus … algo muy grave. Pretendes tranquilizarlos, pero no puedes. Hoy, con los tuyos, rememoras con nostalgia aquel pleito perdido y tu boda de plata.

 

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