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Hector Villanueva 

Cuarenta y cinco, así me llaman acá. Ellos, simplemente cumplen una función. Evitan relacionarse conmigo, y lo entiendo, es su trabajo.
La rutina, cabalga entre lo monótono y estéril. Ellos, asiduos respetuosos de los pactos, me despiertan con el alba. Al levantarme, me aseo y espero el desayuno. Después leo, luego leo y releo… algunas veces, recito párrafos de la novela “Un abogado en aprietos”.
Posterior al almuerzo, seguro imaginas que retorno a la lectura, pero no, simplemente, suelo formular preguntas…que nadie responde.
En la cena, enciendo la radio y me mantengo conectado con el exterior, mi único privilegio.
En otra época, ésta no sería mi costumbre, por el contrario, encendería la tele y disfrutaría, mientras absorbo un té de lavanda… cosa que extraño…
A las 20 horas, apagan las luces… cierro los ojos y trato de olvidar que soy un reo, condenado a perpetua…

 

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