Imagen de perfilLOS JUBILADOS

Ruth González Poncela 

La concentración pacífica fue convocada a través de redes sociales para denunciar la condena silenciosa que los había arrinconado en el interior de sus despachos. Reclamaban ser tratados igual que los nuevos, aunque sabían de antemano que la lucha estaba perdida. Los novatos, unos advenedizos sin escrúpulos, eran más competitivos y fáciles de manejar. Intentarían una conciliación por todos los medios a su alcance. Más de cincuenta años de servicio tenaz avalaban una trayectoria impecable.
La fecha señalada, ante miradas atónitas, miles de volúmenes legislativos elegantemente encuadernados, se manifestaron por las calles reclamando sus derechos, portando pancartas con una consigna clara: «¡Queremos vivir de nuevo!».
Al día siguiente, los insurrectos regresaron resignados a sus estanterías para seguir engalanando oficinas y bufetes.
Mientras tanto, las aplicaciones y softwares jurídicos que los habían desbancado se mofaron de la inútil exhibición de sus antepasados, olvidando que su supervivencia dependía del simple suministro energético.

 

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